Cuaderno Veterinario

Por qué mi perro cojea al caminar y qué es el músculo trapecio

2026.05.22

Todavía puedo sentir el peso de la cabeza de Lola sobre mi pie izquierdo mientras escribo esto. Son casi las once de la noche en Montevideo y el brillo de la pantalla de mi laptop apenas ilumina su pelo marrón, ese que trato de memorizar como si fuera un mapa. Hace unos meses, una tarde de finales del año pasado, caminábamos por la rambla al atardecer cuando ella se detuvo en seco. Levantó la pata delantera derecha con un gesto de duda, casi de disculpa, y se quedó mirándome. Yo, como siempre en los últimos dos años, me quedé mudo, sin saber si le dolía la almohadilla, el hueso o el alma.

Antes de seguir, una aclaración necesaria para los que caigan en este cuaderno: a veces dejo enlaces a los cursos que estoy haciendo. Si decidís anotar a tu perro en algo o aprender vos mismo a través de ellos, a mí me queda una pequeña comisión sin que a vos te cueste un peso extra. Solo hablo de lo que realmente estoy estudiando en mis noches libres, como el Técnico Auxiliar en Clínicas Veterinarias, que es el que me está sacando las vendas de los ojos.

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El fin de los asentimientos en blanco

Lola llegó a casa en 2022 desde un refugio, con una cojera que iba y venía. Durante dos años fui ese tipo de dueño que en la clínica veterinaria asiente como un maniquí. El veterinario decía palabras como "claudicación intermitente" o "palpación escapular" y yo solo decía "claro, entiendo", mientras por dentro me sentía un fraude. Soy analista de siniestros en una aseguradora; sé leer pólizas, pero no sabía leer a mi propia perra.

Esa frustración fue la que me llevó a inscribirme en el curso de Hotmart a principios de 2025. No busco cambiar mi escritorio por un quirófano, pero necesitaba dejar de ser un espectador. Así que, durante las semanas más calurosas del verano, cambié las series de Netflix por esquemas de miología canina. Fue ahí donde descubrí que el cuerpo de Lola no era un conjunto de piezas sueltas, sino una red de tensiones donde un dolor en la punta de la pata puede nacer, en realidad, mucho más arriba.

El músculo trapecio: el gran mediador

Tras unos tres meses de estudio nocturno, llegué al módulo de anatomía del sistema muscular. Ahí apareció él: el músculo trapecio. En los perros, este músculo es plano, triangular y fundamental para elevar el miembro anterior. Lo que me voló la cabeza fue entender su estructura. No es una sola masa, sino que tiene 2 partes bien diferenciadas: la porción cervical y la porción torácica.

El trapecio se extiende sobre las 7 vértebras cervicales (bueno, técnicamente se asocia a la zona del cuello y las primeras torácicas) y se inserta en la espina de la escápula, o sea, el omóplato. En mi cuaderno anoté: "es como el arnés natural del perro". Si ese arnés está demasiado tenso, todo lo que cuelga de él se ve afectado.

Recuerdo una noche particularmente frustrante en la que confundí la ubicación exacta de la escápula con el húmero en el primer examen de anatomía. Me sentí un tonto. Pensé que quizá esto de entender los planos musculares era demasiado para alguien que se pasa el día revisando reclamos de accidentes de auto. Pero luego miraba a Lola dormir y entendía que ella dependía de que yo no me rindiera.

¿Por qué mi perro cojea si el problema está en el cuello?

Aquí es donde la teoría se volvió práctica. El curso explicaba que el músculo trapecio es clave para el movimiento de la escápula. Si un perro tiene una contractura en el cuello o en la zona del dorso, el trapecio se acorta o se inflama. Esto hace que el perro no quiera extender la pata delantera completamente para evitar el tirón en el cuello.

Es lo que llaman una cojera referida o compensatoria. Lola no cojeaba porque tuviera una piedra en la pata; cojeaba porque su trapecio estaba gritando. Descubrir esto fue una revelación: una contractura en el cuello puede manifestarse como una cojera en la mano (el carpo, como decimos nosotros los humanos). Pensar que si hubiera empezado este curso en 2022, Lola no habría pasado tantos meses sin que yo entendiera su lenguaje corporal de dolor, me dio un poco de culpa, pero también un propósito.

El matiz de los perros de alto rendimiento

En el foro del curso surgió una duda interesante que me hizo reflexionar sobre la diferencia entre Lola y otros perros. Se hablaba de perros de trabajo o deporte (como los de agility o pastoreo). En estos casos, el trapecio sufre un esfuerzo repetitivo brutal. Mientras que para una mascota sedentaria como Lola el veterinario suele recomendar reposo y algún antiinflamatorio, para un perro de alto rendimiento el protocolo de fisioterapia avanzada es vital.

No se trata solo de que dejen de caminar; se trata de reeducar el músculo para que no se vuelva a lesionar. Obviamente, yo no soy veterinario y siempre digo que ante la duda hay que llamar a la clínica. Pero entender que el origen del problema puede ser muscular y no óseo cambia totalmente la conversación que tenés con el profesional.

De la teoría a la mirada de sorpresa

Una tarde lluviosa de abril, volvimos a la clínica para el chequeo de Lola. Esta vez, cuando el veterinario empezó a palparle el cuello, no me quedé callado. Le pregunté específicamente por la inserción del trapecio y si la claudicación que veíamos podía ser una debilidad muscular compensatoria.

Todavía me acuerdo de la mirada de sorpresa de mi pareja, que me acompañaba ese día. Después, en el auto, me dijo: "¿De dónde sacaste todo eso?". Le expliqué, con una naturalidad que ni yo me creía, la diferencia entre una claudicación (el perro renguea por dolor) y una simple debilidad por falta de uso. Sentí que, por primera vez, Lola tenía un abogado defensor que entendía su idioma.

El curso de Técnico Auxiliar en Clínicas Veterinarias tiene una calificación de 4.5 en Hotmart, y ahora entiendo por qué. No te regalan el título; hay que sentarse a estudiar y a veces las piezas no encajan a la primera. Pero la satisfacción de tocar el dorso de tu perro y saber exactamente qué músculo estás acariciando no tiene precio. Incluso he estado chusmeando una Calculadora de Alimentación Cocida para ver si mejorando su dieta ayudo a su inflamación crónica, porque todo suma.

Si tenés un perro que cojea y los rayos X no dicen nada claro, preguntale a tu veterinario por el trapecio. No te quedes con la duda. A veces, la solución no está en la pata que levantan, sino en el músculo que sostiene sus ganas de seguir caminando con nosotros por la rambla.

Este camino de autoaprendizaje es lento, especialmente cuando tenés que equilibrarlo con ocho horas de oficina, pero ver a Lola caminar con más fluidez me confirma que cada noche de estudio valió la pena. Si sentís que querés entender mejor a tu compañero, te recomiendo mucho que busques formación seria. Yo encontré la mía en este curso que me cambió el verano, y si te interesa, podés ver los detalles del programa acá. Vale cada minuto de sueño perdido.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.