Lola frena en seco a mitad de la Rambla de Pocitos, cojeando apenas de la pata delantera derecha, y antes de que vuelva a apoyarla ya sé que esta va a terminar siendo una noche de cuaderno abierto. Lleva casi dos años haciendo esto, parar, dudar, mirarme como pidiendo que yo le explique lo que le pasa, y durante mucho tiempo lo único que supe hacer fue agacharme, tocarle la pata y no encontrar nada raro.
Busqué cojera pata delantera perro en el buscador más de una vez, las primeras veces que pasó, y terminé con más pestañas abiertas que respuestas, un diagnóstico distinto en cada blog, ninguno que se pareciera a Lola. Esa fue la señal de que necesitaba algo más serio que un buscador a las apuradas, y a principios de este año me anoté en el curso de Técnico Auxiliar en Clínicas Veterinarias, no para cambiar de trabajo sino para dejar de sentirme al margen de mi propia perra.
Aviso esto antes de seguir, porque en este cuaderno aparecen enlaces a lo que estoy estudiando: si te anotás a través de ellos, a mí me queda una comisión y a vos no te cuesta nada extra. No recomiendo cursos que no esté cursando yo mismo, y este es el que tengo abierto en una pestaña casi todas las noches.
El trapecio explica por qué Lola cojeaba desde el cuello para abajo
Durante dos años, en cada control, el veterinario mencionaba términos que yo apenas fingía entender, claudicación intermitente, palpación escapular, y yo asentía como si tomara nota mental, cuando en realidad solo esperaba que se terminara la consulta. Una de esas veces, hace bastante, el veterinario tiró una frase al pasar: podría ser algo más arriba, no solo la pata. Yo la dejé pasar, convencido de que si era grave me lo iban a explicar mejor. Recién este año, leyendo el módulo de sistema muscular, entendí que esa frase suelta había sido la respuesta completa, dos años antes de que yo estuviera listo para escucharla.
Los músculos que confundí en el módulo de anatomía canina
El módulo de sistema muscular explica que el trapecio canino no es una sola masa sino dos porciones, la cervical y la torácica --, con origen entre la tercera vértebra del cuello y la novena de la espalda, y que se inserta en la espina de la escápula. Su trabajo es levantar la escápula y sostener el hombro mientras el perro camina; si esa coordinación falla, la pata delantera no avanza con el control que debería. Leído así, en una lámina, suena simple. Escrito en mi cuaderno, a esa hora, no tanto.
Esas láminas del curso vivían apiladas junto al teclado, en el rincón de mi apartamento en Palermo que hace de escritorio, la mesa de esquina, el cuaderno de cuadrícula apretada, el café que siempre se enfría antes de que yo llegue a tomarlo, la silla de oficina que ya perdió la forma del lado derecho de tanto apoyar el codo ahí. Abajo, sobre el tapete azul marino, Lola respiraba con ese ritmo parejo que solo tiene cuando el módulo tarda en cargar y yo la miro a ella en vez de mirar la pantalla. Fue justo ahí, un rato después, que confundí el trapecio con el dorsal ancho en el cuestionario de práctica: los dibujé como si cumplieran la misma función, hasta que el resultado me obligó a releer la sección completa una tercera vez.
Un par de semanas antes ya había anotado mal otro término, escribí "apófisis" donde el curso decía "espina de la escápula", y lo repetí así, convencido, hasta que un video me obligó a pausarlo para buscar la palabra exacta y darme cuenta del error. La escápula terminó siendo el hueso que más veces tuve que corregir en mis propias notas.
Llevo casi dos años tratando de entender el bienestar de mi perra desde adentro, y todavía me quedan partes enteras sin tocar, el carpo, o sea la muñeca del perro, es tema para otro cuaderno, igual que buena parte del glosario de términos médicos básicos que recién estoy empezando a manejar sin que me suene a otro idioma.
Rodrigo, el colega con el que como todos los viernes en la oficina, se prendió enseguida cuando le conté del trapecio, me preguntó, medio en broma, si ya estaba en condiciones de operar perros. Le dije que no, que apenas puedo nombrar bien un músculo sin repasar la lámina dos veces, y se rió, pero se quedó escuchando el resto de la historia igual.
¿Por qué confié más en el foro del curso que en mi propia veterinaria?
En el foro del curso, Analía Techera, que arrancó ahí con un boxer con cojera crónica y desde entonces me pasa resúmenes de los módulos que todavía no llegué a ver, había escrito que una cojera intermitente como la de Lola solía ser fatiga muscular y se resolvía con reposo casero, sin necesidad de apurar una consulta. Le hice caso más de lo que debería y postergué el turno con la veterinaria casi un mes. Cuando finalmente fuimos, ella fue clara: una opinión de foro no reemplaza mirar a la perra en la camilla, y postergar por eso pudo haber tapado algo que sí necesitaba atención a tiempo.
El curso también contrapone dos escenarios distintos: para un perro de trabajo o de deporte, con el trapecio sometido a un esfuerzo repetido, el material recomienda directamente un protocolo de fisioterapia específico; para una mascota sedentaria como Lola, mi propia veterinaria prefirió empezar con reposo simple antes de derivarla a nada más especializado, algo que el curso ni siquiera mencionaba como primer paso. Ahí quedó claro que el material enseña el mapa general, pero la veterinaria de carne y hueso decide el camino según la perra que tiene enfrente. La rehabilitación de movilidad en perros con problemas de pata es, de hecho, un capítulo entero que todavía no abrí.
Lola viene de un refugio, y en el foro se habla bastante de eso: muchos perros de refugio arrastran problemas de salud que nadie llegó a diagnosticar antes de la adopción, y la cojera de Lola bien podría ser uno de esos casos que quedaron sin resolver.
Aprender a nombrar lo que antes solo señalaba con el dedo
Para la cuarta semana del módulo de sistema muscular, ya había dejado de confundir el trapecio con el dorsal ancho, no de un día para el otro, sino después de repasar la misma lámina tantas veces que terminé por dibujarla de memoria. Esa misma semana, en una consulta de rutina, el veterinario nombró el tendón de Aquiles al revisar cómo apoyaba las patas traseras, y por primera vez no tuve que preguntar dónde quedaba: ya sabía exactamente qué buscar con los ojos antes de que él lo señalara.
Algo parecido me pasó con las radiografías: la primera vez que vi la placa de Lola en la pantalla del consultorio, el término que el módulo correspondiente ya me había explicado no me sonó a idioma extraño, y pude seguir la conversación en vez de asentir sin entender nada.
La consulta de abril cambió la conversación con el veterinario
Una tarde de abril volvimos a la clínica para el control de Lola, y esta vez, cuando el veterinario le palpó el cuello, no me quedé mudo. Le pregunté directamente si la cojera que veíamos podía ser una debilidad compensatoria por el trapecio y no un problema en la pata en sí. Mi pareja, que me acompañaba, me miró con una cara que todavía me acuerdo, y ya en el auto me preguntó de dónde había sacado todo eso. Le expliqué la diferencia entre una claudicación por dolor y una debilidad por falta de coordinación muscular, con una tranquilidad que ni yo mismo esperaba.
El curso de Técnico Auxiliar en Clínicas Veterinarias tiene una calificación de 4.5 en la plataforma, y después de meses de cuaderno abierto entiendo por qué: nadie te regala nada, hay que sentarse y a veces las piezas no encajan al primer intento. Ahora que ando mirando también la alimentación de Lola para la inflamación crónica, tengo abierta en otra pestaña una Calculadora de Alimentación Cocida, aunque eso es harina de otro costal y prefiero no meterme de lleno en ese tema acá.
Si tu perro cojea y las radiografías no muestran nada raro, la lección que me llevo de estos meses es simple: preguntá por el trapecio antes de asumir que el problema está solo en la pata, porque a veces lo que sostiene el paso está más arriba de lo que parece. Yo tardé dos años en hacer esa pregunta; si te sirve de algo, no hace falta que vos tardes lo mismo. Quien quiera meterse en esto en serio puede ver los detalles del programa acá; a mí me costó bastante sueño, pero cada noche de estudio valió la pena.