Cuaderno Veterinario

Cómo medir la frecuencia cardíaca en perros de forma técnica y segura

2026.08.22

Afuera, el viento de julio golpea las ventanas de mi apartamento en Montevideo con esa insistencia helada que te obliga a prender la estufa o resignarte al mate perpetuo. Lola duerme a mis pies, sobre la alfombra vieja que ya es más suya que mía, y mientras la observo, me doy cuenta de que su respiración es el único reloj que me importa un viernes a las once de la noche. Hace un par de años, cuando la adoptamos del refugio y nos dijeron que su cojera no tenía una explicación clara, yo solo podía mirarla con una mezcla de amor e impotencia. Hoy, con el cuaderno del curso de Técnico Auxiliar en Clínicas Veterinarias abierto sobre la mesa, la miro de otra forma. Ya no soy solo el tipo que le da la comida; ahora intento ser el que entiende qué pasa debajo de ese pelaje marrón.

Decidí que esta noche iba a aplicar lo que leí en el módulo de constantes fisiológicas. No porque Lola parezca enferma, sino porque quiero que el día que el veterinario me pregunte algo, mi respuesta sea más técnica que un simple "la veo bien". Medir la frecuencia cardíaca parece algo básico, casi intuitivo, pero el curso me enseñó que hay una distancia enorme entre poner la mano sobre el pecho y realizar una medición técnica y segura.

El cambio de observador a estudiante de auxiliar

Recuerdo perfectamente las visitas al vete durante 2022 y 2023. Él apoyaba el fonendoscopio, ponía cara de concentración y yo asentía como si entendiera el ritmo que él escuchaba. Me sentía un poco fraude. Por eso, a principios de este 2025, me anoté en este curso de Hotmart. No pretendo abrir mi propia clínica —mi laburo de analista de siniestros me da la estabilidad que necesito—, pero estudiar las constantes vitales me hace sentir que finalmente hablo el mismo idioma que Lola.

Lo primero que aprendí es que el corazón no está "en el medio" del perro. Suena obvio ahora, pero en el examen visual uno tiende a generalizar. Para medir la frecuencia cardíaca de forma técnica, hay que saber buscar. Y esa búsqueda empieza por entender la anatomía básica del tórax, algo que me llevó un par de noches de estudio intenso después de las seis de la tarde, entre café y apuntes borroneados.

¿Dónde está el corazón? Localización anatómica

Cuaderno de estudio de auxiliar veterinario sobre escritorio con perro durmiendo al lado

Según el manual que estoy siguiendo, el corazón de un perro se localiza entre el 3º y 6º espacio intercostal, principalmente del lado izquierdo. Para los que, como yo antes de empezar esto, no sabían qué es un espacio intercostal, es simplemente el hueco que hay entre las costillas.

Hay un truco que mencionaban en una de las clases grabadas y que me resultó infalible: si flexionás el codo izquierdo de tu perro hacia atrás, el punto donde el codo toca el tórax es, casi exactamente, donde mejor se siente el latido. Se llama latido precordial. Lo intenté con Lola una tarde de descanso y, aunque al principio me miró como diciendo "¿qué inventaste ahora?", logré sentir ese motorcito rítmico. Es fascinante pensar que, técnicamente, estoy palpando la zona de la válvula mitral.

Es importante aclarar que yo no soy veterinario ni tengo experiencia clínica. Todo lo que anoto en mi cuaderno es el resumen de lo que el curso enseña para asistir al profesional. Si noto algo raro, mi primera reacción no es diagnosticar, sino anotar el dato para llamar al vete. Como siempre digo, las ventajas de estudiar auxiliar de veterinaria no son para reemplazar al médico, sino para ser sus mejores ojos en casa.

La técnica del pulso precordial: Sentir el ritmo

Mano palpando el latido precordial detrás del codo de un perro

Para medir la frecuencia de Lola, prefiero que esté parada o acostada sobre su lado derecho (decúbito lateral derecho, para usar el término técnico que tanto me costó memorizar). Si el perro está muy estresado o acaba de jugar, la medición no sirve de nada. Tiene que ser un momento de calma absoluta.

Aquí es donde entra el método de cálculo rápido que practico en mis sesiones de estudio: hago un conteo de 15 segundos multiplicado por 4. Podría contar el minuto entero, pero en un perro inquieto, 60 segundos es una eternidad. Multiplicar por cuatro me da la frecuencia cardíaca en latidos por minuto (lpm) con un margen de error mínimo para un monitoreo casero.

El pulso femoral y el factor dolor: Una advertencia necesaria

Cronómetro junto a un perro para medir la frecuencia cardíaca

En el curso también nos enseñan a tomar el pulso femoral, que se siente en la cara interna del muslo, donde la arteria femoral pasa cerca del hueso. Sin embargo, aquí es donde mi experiencia con Lola y lo que aprendí en el módulo de ortopedia se cruzan. He aprendido que en perros con artrosis —como mi Lola y su pata misteriosa— o con sobrepeso, forzar la apertura de la pata para buscar el pulso femoral puede ser contraproducente.

La palpación profunda en esa zona puede causar un estrés doloroso que altera artificialmente la frecuencia cardíaca real. Si el perro siente dolor porque le estamos manipulando una articulación inflamada, su corazón se va a acelerar. El resultado será una lectura falsa de taquicardia cuando, en realidad, solo le estamos haciendo daño. Por eso, si tenés un perro mayor o con problemas de movilidad, el latido precordial (en el pecho) siempre será más seguro y fiel a la realidad. Si te interesa profundizar en cómo evaluar el estado físico general sin causar molestias, escribí hace poco sobre cómo usar la escala de condición corporal en perros que complementa muy bien este chequeo.

Al tocar el muslo de Lola, sentí el calor de su piel y esa vibración rítmica y sutil bajo las yemas de mis dedos índice y medio. Es una sensación extraña, casi íntima, que me conecta con su biología de una manera que nunca imaginé cuando llenaba formularios en la oficina.

Interpretando los números: ¿Qué es normal?

Notas de estudio indicando los valores normales de frecuencia cardíaca canina

Una vez que tengo mi número (en el caso de Lola, esta noche fueron 18 latidos en 15 segundos, lo que da 72 lpm), toca comparar. El manual de constantes fisiológicas estándar dice que la frecuencia cardíaca normal en perros adultos oscila entre 60-140 lpm. Los perros grandes suelen tener frecuencias más bajas, mientras que los cachorros o perros miniatura pueden llegar a los 180 lpm sin que sea una emergencia.

Algo que me voló la cabeza en las primeras lecciones de anatomía es la arritmia sinusal respiratoria. Resulta que en los perros es normal que el corazón se acelere un poquito al inhalar y se ralentice al exhalar. La primera vez que lo noté en Lola me asusté, pensé que su corazón estaba fallando. Tuve que pausar el video del curso, rebobinar y leer tres veces que este fenómeno es signo de un buen tono vagal. Es decir, ¡es señal de salud!

Señales de alerta para llamar al veterinario

Aunque estemos aprendiendo, no debemos jugar a los doctores. Yo anoto en mi cuaderno si noto alguna de estas cosas para comentárselas al profesional en la próxima consulta (o llamar de urgencia si es grave):

La importancia de la calma y el entorno

Momento de calma entre dueño y perro durante un chequeo de salud

No puedo enfatizar suficiente que el entorno en Montevideo, o en cualquier lugar donde vivas, influye. Si hace mucho calor o si el perro está ansioso por los fuegos artificiales o una tormenta, los valores no serán reales. Por eso elijo las 23:00, cuando la ciudad se calla y Lola está en su punto máximo de relajación.

Pensar que hace un año esto me habría parecido una maniobra médica inalcanzable, y ahora es solo una parte de nuestra rutina nocturna. Me da una paz mental enorme saber que esos 72 latidos son constantes. Es como si, al entender su corazón, también estuviera curando un poco esa sensación de pérdida que sentía cada vez que la vete me hablaba de términos técnicos que yo no alcanzaba a procesar.

Reflexión final desde mi escritorio

Lentes sobre libro de anatomía veterinaria con un mate al fondo

Cierro el cuaderno y apago la lámpara. Lola ni se ha inmutado; sigue roncando suavemente, ajena a que acaba de ser el sujeto de estudio de un analista de seguros metido a auxiliar veterinario. El lenguaje técnico ha transformado mi relación con ella: ya no soy solo su dueño, soy su primer monitor de salud en casa.

A veces me pregunto si estoy perdiendo el tiempo memorizando nombres de músculos o espacios intercostales mientras mis colegas de la oficina ven series de Netflix. Pero luego pongo mi mano sobre el pecho de Lola, siento su pulso firme y sé que cada hora de estudio vale la pena. Si vos también tenés un perro rescatado con una historia difícil, como los que menciono en mi artículo sobre problemas de salud en perros de refugio, entender sus constantes vitales es la mejor forma de agradecerles su lealtad.

Mañana será otro día de expedientes y reclamos de seguros, pero esta noche me voy a dormir sabiendo que el motor de Lola funciona perfectamente. Y eso, en este invierno montevideano, es más que suficiente.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.