Cuaderno Veterinario

Prevención de la leishmaniasis canina y riesgos de picaduras de mosquitos

2026.08.11
Prevención de la leishmaniasis canina y riesgos de picaduras de mosquitos

Eran cerca de las once de la noche a mediados de noviembre cuando escuché ese zumbido. No era el zumbido gordo y torpe de los mosquitos que suelen entrar al departamento cuando dejo la ventana abierta para que corra un poco de aire en Montevideo. Era un zumbido agudo y casi imperceptible, un hilito de sonido que flotaba bajo la luz de mi lámpara de escritorio mientras yo intentaba subrayar el capítulo de enfermedades infecciosas de mi curso de Técnico Auxiliar. Lola estaba despatarrada a mis pies, y vi cómo una de sus orejas se movía por instinto. En otro momento, antes de empezar a estudiar esto, le habría dado un manotazo al aire y seguido con lo mío. Pero esa noche, con el cuaderno abierto en la sección de parasitología, me quedé helado mirando ese puntito volador.

Lo que antes para mí era simplemente 'un bicho molesto', ahora tenía nombre y apellido técnico en mi cabeza. El módulo sobre enfermedades vectoriales —esas que se transmiten por picaduras— me había quitado la venda de los ojos. Pensar en cuántas veces vi a Lola rascarse en el patio sin entender que el peligro medía menos de tres milímetros me dio una puntada en el estómago. No soy veterinario, solo soy un analista de seguros que pasa sus noches tratando de entender por qué su perra renguea, pero esa noche entendí que la prevención no es solo poner una pipeta y olvidarse.

El enemigo invisible de tres milímetros

Primer plano de un cuaderno con notas sobre el tamaño del flebótomo transmisor de leishmaniasis.

Lo primero que aprendí en el curso es que el causante de la leishmaniasis no es un mosquito común, sino un flebótomo. En el curso lo llaman Lutzomyia longipalpis, un nombre que suena a conjuro pero que en realidad describe a un insecto diminuto. El tamaño del flebótomo es de apenas 2-3 mm. Para que se den una idea, es casi la mitad de un mosquito normal. Es tan chico que pasa por las tramas de muchos mosquiteros comunes, y lo peor es que no vuela como los demás; revolotea, como si fuera una pequeña polilla silenciosa.

Me acuerdo de una tarde de lluvia reciente, mientras repasaba mis apuntes, que me puse a mirar a Lola. Ella llegó del refugio en 2022 con esa cojera que nadie explica del todo. Al leer sobre la leishmaniasis canina, descubrí que el periodo de incubación puede ir de los 3 meses a los 7 años. Eso me voló la cabeza. Significa que un perro puede haber sido picado hace años y recién ahora mostrar señales. En mi cuaderno anoté con letra grande: 'La leishmaniasis es una enfermedad silenciosa'. No es como una infección que ves al día siguiente; es un proceso lento donde el parásito se va instalando en el sistema retículo-endotelial (o sea, en las defensas del cuerpo).

En el curso explicaban que es una enfermedad zoonótica, lo que significa que nos puede pasar a nosotros también a través de la picadura del vector. No es que Lola me la vaya a contagiar a mí directamente, pero si hay flebótomos en casa y pican a un perro infectado, después pueden picarnos a nosotros. Por eso, entender el ciclo de vida de estos bichos es tan vital como el de otros parásitos; de hecho, hace un tiempo escribí sobre cómo entender el ciclo de vida de las garrapatas en perros, y aunque son bichos distintos, la lógica de 'conocer al enemigo' es la misma.

Cuando la cojera no es solo la pata

Detalle de la pata de una perra mestiza descansando en un suelo de madera.

Aquí es donde la cosa se puso personal. Durante las semanas de calor intenso en enero, mientras estudiaba los signos clínicos, leí que la cojera puede ser un síntoma de leishmaniasis. No es la causa más común, pero el parásito puede causar inflamación en las articulaciones. Me quedé mirando a Lola, que dormía sobre la alfombra, y sentí una urgencia de revisar todo su historial clínico. ¿Y si su renguera no era solo un tema mecánico del carpo (la muñeca del perro, como le digo yo para no marearme)?

Obviamente, hablé con el veterinario a la mañana siguiente. Él, con la paciencia de siempre, me explicó que en el caso de Lola probablemente sea algo ortopédico, pero que en zonas donde el flebótomo es común, nunca hay que descartar nada. Lo que me quedó grabado de esa charla y de lo que vi en el curso de Técnico Auxiliar es que los síntomas son súper variados: desde heridas que no curan en las puntas de las orejas hasta un crecimiento exagerado de las uñas (onicogrifosis, un término que tuve que buscar en mi glosario de términos veterinarios).

Lo que me frustra un poco como estudiante es que no hay un 'momento exacto' en el que digas 'ahora tiene leishmaniasis'. Como el parásito se esconde tan bien, a veces los análisis de sangre dan negativo al principio. Por eso la prevención es la única herramienta real que tenemos los que no tenemos un bisturí en la mano.

Más allá del collar: la falsa sensación de seguridad

Primer plano de un collar preventivo en el cuello de un perro marrón.

Acá es donde entra mi 'momento de revelación' del curso, y algo en lo que mi veterinario hizo mucho hincapié. Muchos dueños, incluyéndome hace un año, pensamos que con ponerle un collar con deltametrina ya estamos cubiertos. El collar es una barrera física y química genial, de las más eficaces, pero he aprendido que la dependencia exclusiva de repelentes tópicos crea una falsa sensación de seguridad que ignora la importancia crítica de la inmunomodulación sistémica en perros expuestos crónicamente.

¿Qué significa esto en cristiano? Que no alcanza con tratar de que no lo piquen (barrera externa), sino que el cuerpo del perro tiene que estar preparado por dentro por si un bicho de esos 2-3 mm logra burlar el collar. Durante las noches más húmedas de marzo, que es cuando más flebótomos hay en la vuelta, me di cuenta de que la prevención es un combo. Por un lado, el repelente; por otro, mantener el ambiente limpio de materia orgánica (hojas podridas, leña vieja) donde el flebótomo cría sus larvas; y finalmente, la inmunización.

La frecuencia de vacunación preventiva suele ser anual, según los protocolos estándar que nos enseñaron. No evita que el perro se infecte al 100%, pero sí ayuda a que, si se infecta, su sistema inmune sepa defenderse y no desarrolle la enfermedad grave. Es como un entrenamiento para sus defensas. Yo antes pensaba que las vacunas eran solo para la rabia o la parvo, pero ahora entiendo que en Uruguay, con el avance del flebótomo hacia el sur, esto es cosa seria.

Mi protocolo de 'estudiante nocturno'

Manos sosteniendo un mate uruguayo junto a un libro de texto de auxiliar veterinaria.

Después de estudiar el módulo de enfermedades vectoriales, mi rutina con Lola cambió. No porque me haya vuelto un paranoico, sino porque ahora entiendo el 'porqué' de las cosas. Ya no le pongo el collar solo porque me lo dijo el vete; se lo pongo porque sé que la deltametrina desorienta al flebótomo.

Mis medidas de barrera ahora incluyen:

A veces, cuando estoy en la oficina entre liquidaciones de seguros, me descubro pensando en los macrófagos de Lola peleando contra parásitos invisibles. Es raro cómo estudiar algo técnico te cambia la forma de ver a tu mascota. Ya no solo veo a mi perra mestiza que renguea; veo un organismo complejo que depende de mis decisiones informadas para estar bien.

Si algo he aprendido en este curso de Técnico Auxiliar es que yo no estoy acá para diagnosticar. Si veo que Lola tiene una costra que no cierra o si la noto más decaída de lo normal, no voy a sacar mis apuntes para tratarla yo. Voy a llamar al profesional. Pero ahora, cuando él me hable de carga parasitaria o de títulos de anticuerpos, no voy a asentir con la cara en blanco. Voy a entender que estamos hablando de proteger la vida de mi compañera frente a un enemigo que, por muy chico que sea, no se puede ignorar.

Cuidar a un perro es un aprendizaje constante. A veces me siento sobrepasado por la cantidad de términos, pero luego miro a Lola y me doy cuenta de que cada hora de estudio nocturno vale la pena. Al final, la mejor medicina es la que no tenemos que usar porque supimos prevenir a tiempo. Y eso, para un estudiante como yo, es la mejor lección de todas.

Importante: Lo que lees aquí refleja mi experiencia personal y mis opiniones, no consejos profesionales. Investiga por tu cuenta y consulta a los profesionales adecuados antes de realizar cambios en tu salud, dieta o finanzas.